Es miércoles, es Carmen!

Comienza a leer aquí la nueva entrega de Carmen!

Esa noche sí me fui a casa de Alberto y sí retomé mi vida normal, si es que a lo que yo llevaba podía llamársele de esa forma. Tenía que continuar, a pesar de que lo único que me apetecía era irme a mi casa y comerme otra tarrina de helado de chocolate mientras veía alguna película romanticona que me llevase por la calle de la amargura un rato. Llorar a hipidos ininterrumpidos y dejar la persiana hasta arriba para mortificarme con mi rayo solar matador de las mañanas. Pero no podía hacer eso. Cuando me di la vuelta para volver, miré a Alberto, él no se lo merecía, ni mucho menos. Puse mi sonrisa de “aquí no ha pasado nada, ¿dónde lo habíamos dejado?” y me uní al grupo que ya estaba visiblemente afectado por las cuatro rondas de cervezas que habían caído desde que llegamos. Alberto me preguntó entre susurros y atrayéndome hacia él de forma protectora si estaba bien. Le mentí como una bellaca y él se dio cuenta de inmediato, así que me abrazó aún más fuerte y me pidió un gin-tonic. Sigue leyendo…

Y antes de que te vayas, lee Carmen! en breve con este microcuento.

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Pasa la página: Yo antes de ti


2015-09-26 11.01.04

Yo antes de ti, Jojo Moyes

Hoy traigo a la palestra, digo, al blog, un título de esa literatura de la que me he hecho tan fan últimamente. Y no voy a repetir esto último más porque llevo tres “Pasa la página” y lo he dicho en cada uno de ellos. Pues eso, “Yo antes de ti” de Jojo Moyes es un libro del que había leído bastante, vaya cosa extraña: había leído sobre él y sobre su autora pero no había leído el libro. Todas las opiniones eran positivas, o en su mayor parte, y ya no quise demorarlo más, del fragmento bajado gratuitamente en mi Kindle a la compra del libro completo medió el tiempo que tardé en leer el primero.

Louisa Clark conoce a Will en unas circunstancias particulares y sus vidas serán tocadas de forma inevitable. Es decir, chica conoce chico y se enamoran… todo tan típico pero tan diferente a la vez. Y digo solo eso porque lo demás sería desvelar demasiados detalles sobre una novela que más vale leer y que no te la cuenten. Me ha sorprendido en muchos aspectos, trata temas duros que hoy en día siguen estando en discusiones públicas y privadas (me refiero al suicidio asistido) y trata sobre el amor, sobre el amor sin obstáculos, o al menos esa primera fase en la que el amor puede con los badenes más pronunciados.

Como no busco hacer reseñas concienzudas, analíticas, que desgranen hasta el infinito las formas de escribir, los temas o los personajes, me centraré en las percepciones y en las sensaciones. Es una novela no muy larga que devoré en pocos días, y lo hubiera hecho antes si no tuviera dos hijos de los que ocuparme. Me robó el sueño, condición con la que catalogo los libros que leo en la parte alta de mi listón. Acabas por querer a Louisa y a Will y por desearles la mejor de las suertes, aunque conforme vas avanzando en tu lectura, te das cuenta de que no estás ante la novela romántica tipo. Te deja un sabor agridulce y un poso duradero. Por eso la recomiendo no solo a los que les guste el género, sino también a todos aquellos que reniegan de él, ya sea porque no les guste o por otras razones.

Y con esta llevo dos reseñas en la nueva etapa de My Stories Project y las dos han sido buenas, creo que va siendo hora de pasarme al lado oscuro: dentro de dos semanas hablaré de un título que dejé a medias ejerciendo ese derecho que todo lector tiene y del que debe hacer uso porque, por experiencia, resulta muy muy sano.

P.D. Qué casualidad, este mes de septiembre ha salido la secuela de “Yo antes de ti”, “After you”. ¿Cuánto tardará en llegar en español? Espero que no mucho, al igual que espero que esté a la altura, que no lo dudo. Y por lo visto, en 2016, película del libro con Emilia Clarke, nuestra Khaleesi en “Juego de Tronos”, como Louisa, vaya cambio de registro.


Un lunes cada quince días, dos lunes al mes, lunes sí lunes no… Los lunes serán el día de los libros en My Stories Project. Con pequeñas reseñas de títulos de ahora o de ayer, desgranaré mis lecturas de los últimos meses. También mis no lecturas, que las hay. Pasa la página a mano o a máquina y lee.

Esta visión es totalmente subjetiva.

Una semana de microcuento

 Buenos días con un microcuento.

Esta semana comenzó contando, pero terminó con siesta. Los microcuentos de estos últimos siete días poco tienen que ver los unos con los otros, porque a veces es mejor seguir una senda diferente a mitad de semana.

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Lunes

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Martes

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Miércoles

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Jueves

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Viernes

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Sábado

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Domingo

Este post es la compilación de los microcuentos lanzados de lunes a domingo en Twitter, Facebook e Instagram.

Porque no hay nada mejor que dar los buenos días con un microcuento.

Y como viene siendo habitual, un microcuento extra, el lanzado con motivo de los #martesmge de Me Gusta Escribir.

¡A disfrutar con las lecturas no breves, brevísimas!

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#martesmge de Me Gusta Escribir

La vida mínima. Post 1

Sinopsis: ¿Qué harías si te diagnosticaran una enfermedad de las llamadas “malas” de un día para otro? Seguramente te plantearías muchas cosas, una de ellas es probable que fuera centrar tu atención en los detalles pequeños que te rodean, esa vida mínima que es la esencia de toda vida máxima.

Este relato es totalmente ficticio en los hechos, unos hechos que por desgracia son cada vez más comunes en la vida real (o nos enteramos más, que también puede ser). Sin embargo, no es ficticio en los sentimientos, en los detalles, en esa vida mínima que es la base de toda vida máxima.


La vida mínima

Post 1

Nunca pensé que sería yo.

Siempre tiene que haber una. Una vecina, una amiga de mi primo o una madre de la clase de mis hijos, una mujer joven que con solo treinta y tantos tiene cáncer. Y nunca pensé que fuera a ser yo.

Observándome desde fuera puedo decir que, como en pocas ocasiones, hablo en primera persona de todas esas cosas que hasta el momento no son más que imaginaciones de las personas que mantienen la conversación con un tono de terror y alivio en sus voces. Me sentaría con ellas y les hablaría sobre la impotencia, el dolor físico en el que se convierte el saber, el anhelo, la nostalgia de todo aquello que aún conservo, las patadas hacia adelante que me doy a mí misma, de la incertidumbre, del miedo, de los ojos de mi marido o de las risas todavía inocentes de mis hijos. Les hablaría de la frustración de mi madre, que cada día se ofrece a Dios, al suyo, en mi lugar, como si los sacrificios surtieran efecto y viviéramos en la Edad Media. Les contaría que mi padre no habla sobre el tema y solo atina a darme más besos de los que son normales en él. También podría explicarles que mi hermana viene tres veces por semana a casa con la excusa de ayudarme en los quehaceres diarios, como si yo no supiera que realmente está acumulando momentos conmigo.

Luego de todo eso, pagaría yo el café asegurándoles que se me quedan muchas cosas en el tintero: el enfado, la ansiedad, la capa de normalidad con la que cubro cada movimiento, las discusiones inevitables en casa; pero que para qué hacerlo. Les insto a que sigan con sus vidas al margen de todo pensamiento negativo porque ¿para qué?

Dicen que cuando alguien se encuentra de repente en una situación como en la que me encuentro yo comienza a valorar todo, hasta los detalles más nimios. Y no es que yo haya sido del tipo de persona que no se ha fijado en ellos nunca, al contrario, pero eso es lo que voy a hacer. Voy a coger los detalles más pequeños de mi vida y los voy a poner en el pedestal que se merecen. Ya los puedo ver ahí arriba, alegres, contentos porque por fin se los considera. Y ya me puedo ver yo ahí abajo, sonriéndoles y limpiando con ahínco y Cristasol la vitrina que los protege.

Los olores, los gestos, las palabras y lo que vaya surgiendo. Compilaré mis tesoros intangibles algunos y otros no tanto en un puñado de posts porque así lo quiero y así lo necesito y porque, qué caray, todo es tan fácil en Internet y te lo ponen tan asequible que sería un delito no aprovecharlo.

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