Tenemos una edad, diario esporádico. Post 1

Llegar a los 35 y convertirte de buenas a primeras –bueno, no tan de buenas a primeras, pero la bofetada te la llevas igualmente– en esa persona que nunca imaginaste que serías puede ser un trauma, pero si se hace acompañada, resulta más llevadero y desde luego más irónico.

En este diario esporádico, es decir, que se publicará los jueves, pero quizá no todos los jueves o sí, trataré de desmigar esos detalles que me dicen, o más bien me gritan, que tenemos una edad. Estragos físicos, intereses cambiados, costumbres sorprendentes, frases y comportamientos extraños…


TENEMOS UNA EDAD

Post 1

Tenemos una edad. Esa es la conclusión a la que llegábamos el otro día la amiga y yo en el desayuno. Es algo de lo que ya habíamos hablado tímidamente en anteriores entregas del café y la tostada, pero esa mañana hubo algo que no dejó lugar a dudas: antes de despedirnos nos paramos las dos a explicarnos los dolores que teníamos y en qué parte del cuerpo. La ciática ganó por goleada. Y sí, fue en mitad de la calle, en una esquina, ella vuelta hacia un lado y yo hacia el otro en un intento fallido de expresar con palabras lo mal que habíamos pasado la noche debido a esos calambres.

Tengo 35 años y hasta llegar aquí, he visto este número de muy diferentes formas a lo largo de mi vida. Cuando era pequeña, con unos nueve o diez años, era mi madre la que tenía 35. La veía como una mamá joven –más o menos como me veo yo ahora–. Me gustaba pensarlo, me transmitía buenas sensaciones que mi madre estuviera todavía en esa decena. No sé lo que pensará mi hijo mayor, de tan solo cuatro años, con respecto a esto cuando ya comienza frases con aquello de: “Mamá, cuando tú eras joven…”, lo que quiere decir que para él ya no lo soy. Conforme yo crecía, mi madre también lo hacía y dejó de ser mi referente, así que en la adolescencia yo veía los 35 lejanos, tan ajenos a mí que ni me paraba en realidad a reflexionar sobre ello; tenía cosas mejores en las que pensar, como dónde saldríamos el sábado y qué me pondría para la ocasión. Solo llegada a la veintena comencé a vislumbrar los 35 como una meta que no estaba tan alejada de mí como podría parecer. Saliendo de la facultad y empezando a labrarme un futuro laboral, los 35 eran dominio de esa especie humana de vidas acomodadas y viajes espectaculares; de pisos minimalistas y armarios llenos de ropa; de cafés en sitios chic y salidas a pubs, que las discotecas ya no eran para ellos; de cenitas con amigos y copas en el sofá. No sé por qué aquí se me olvidó que mi madre tuvo en su momento 35 años y tenía una hija de diez. No sé por qué no veía niños en esa película. No sé por qué.

Pero el momento idílico existió, justo después de casarme, a los 27. Hubo cenas, viajes y copas en mi sofá. No tenía el armario tan lleno de ropa, pero no estaba nada mal; y mi piso no era minimalista, pero ni falta que hacía. Sin embargo, fui madre una vez. Y luego fui madre de nuevo. Y el cuerpo se resintió. Mi cabeza no lo acaba de asimilar y me sigo sorprendiendo de mis dolores musculares, de mis esguinces en la muñeca o de “notar” siempre las cervicales. Las cervicales, palabra que hasta no hace mucho era propiedad exclusiva de mi madre. Ahora que yo también lo soy, tengo el dudoso privilegio de poder usarla en los mismos términos que ella.

No son solo los estragos físicos de tener 35 y ser madre en la vida —porque, admitámoslo, la maternidad es preciosa, pero te deja hecha polvo—, hay muchas otras cosas que me dicen, que nos gritan, que tenemos una edad. Que ya no estamos para el salto del tigre es una broma que nos gastamos entre nosotras; que me duelen los huesos cuando estoy más tiempo de acostumbrado en la cama es una realidad; que a veces exclamo en silencio y para mis adentros: “¡Tengo 35!” como para resetear mi cerebro y ubicarlo, también es cierto. Y es que tenemos una edad.

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9 comentarios en “Tenemos una edad, diario esporádico. Post 1

  1. Mislaboresypunto dijo:

    Yo recuerdo que cuando era pequeña, los de 35 (desde los 30 realmente) me parecían taaan mayores… Y ahora que yo los tengo no me parecen tantos, a pesar de la ciática 😝
    Y es que nosotras tenemos una edad, pero estamos estupendas, a pesar de quejarnos! Lo hacemos de vicio 😁
    Besos!

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  2. Mi Álter Ego dijo:

    Yo ya dejé los 35 atrás y me voy a acercando vertiginosamente a los 40. Los años se notan, vaya que si se notan… pero también se notan las experiencias vividas, las anécdotas y el saber más por viejo que por diablo. Cada etapa de la vida tiene sus ventajas. Hay que saber aprovecharlas!!! Un besote.

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  3. Paqui dijo:

    jejeje, me ha encantado María. Yo en mi trabajo es donde más noto la edad porque me llegan personas nacidas en los 90 buscando empleo, aaaahhhh!!!! qué mayor soy. Esta misma mañana desayunando me he acordado (porque hoy es el cumple de Rosario Flores) de cuando la vi en concierto en la Expo’92 y, claro, con la que estaba desayunando le he dicho “bueno, tú estarías en un carrito seguro” y acerté, tenía 2 añitos y estaba en carrito. No desayuno más con esa persona jejeje.

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