Pasa la página: El año sin verano


El año sin verano

El año sin verano

Estar enganchada a las redes sociales tiene muchas desventajas, te aliena un poco – o bastante – y para no perder puntada ahí, te pierdes muchas otras cosas de tu vida real. De todas formas, después de un tiempo, llegas a un punto medio muy interesante en el que eres capaz de racionalizar ambas vidas, la virtual y la de andar por casa. Se puede ser madre y tener Twitter y blog y página en Facebook e Instagram, se puede, es más, se debe, que todo no van a ser pañales, biberones y hacer purés. Y os preguntaréis a qué viene toda esta introducción si de lo que va hoy la cosa es de lecturas, sí, ya, perdonadme, eso viene ahora.

Igual que las redes sociales tienen su lado oscuro, que te absorbe, te aliena y te obliga a aprender a racionalizarlo; igual que tiene todo eso, también tiene sus ventajas: estar al día, seguir gente interesante, enterarte de las últimas publicaciones (porque ya eso de pasear por las librerías se ha convertido en un lujo difícil de experimentar) e ir a tiro hecho a la hora de comprar un libro. Así descubrí yo El año sin verano de Carlos del Amor. No es una lectura reciente, es decir, no es lo último que ha caído en mis manos, pero sí pasé con ella una semana muy provechosa este verano.

El libro parte de una situación que internamente todos hemos pensado alguna vez, quizá no exactamente, pero os cuento. El protagonista se encuentra un llavero con las llaves de todos los pisos de su edificio, sí, de todo su edificio. ¿Y qué hace? ¿Las devuelve? Bueno, tal vez más adelante, antes ¿por qué no merodeo por las viviendas de mis vecinos por el puro placer de hacerlo, de poner el ojo en las costumbres ajenas? Venga, admítelo, has entrado en el baño de la casa de un amigo y has fisgoneado en sus cajones, vamos, no me vayas a decir que no. Pues a eso es a lo que me refería al comienzo de este párrafo, todos tenemos esa curiosidad sana sobre la vida de los demás y si los cajones de un cuarto de baño dicen mucho, no te imaginas lo que puede llegar a contar una casa entera. Tanto como este libro. Si a la ecuación se suma que el protagonista es un escritor con el mal de la página en blanco al que le apremia crear algo por compromisos editoriales y el hallazgo de una buena historia, de una de esas historias que se esconden tras las puertas cerradas de los pisos de un edificio, el resultado es una lectura amena, interesante y que te dejará un buen sabor de boca.

El misterio y el resultado final, algo precipitado para mi gusto pero bien resuelto, me hacen recomendarlo, así que pasa la página y llévatelo a casa. Un plus: su corta extensión, perfecto para madres sin tiempo que quieren seguir cultivando la lectura.


Un lunes cada quince días, dos lunes al mes, lunes sí lunes no… Los lunes serán el día de los libros en My Stories Project. Con pequeñas reseñas de títulos de ahora o de ayer, desgranaré mis lecturas de los últimos meses. También mis no lecturas, que las hay. Pasa la página a mano o a máquina y lee.

Esta visión es totalmente subjetiva.

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