Es miércoles, es Carmen!

Ya sabíamos qué había sido el detonante de la ruptura entre Carmen y Pepe, pero no conocíamos los detalles. Hay conversaciones y situaciones que el amor, desgraciadamente, no puede saltar; obstáculos demasiado grandes como para no caer en el barro y salir empapada y confundida.

XXIV. Adiós, Pepe, adiós

Romper mi relación con Pepe fue más fácil de lo que yo había supuesto. No hubo dramas ni llantos, solo hubo lógica y sentido común. Los dos cara a cara planteando una situación que yo ya había previsto, pero cuyo resultado estaba siendo totalmente diferente a cómo había imaginado. Sabía que quería estar con Pepe y sabía que quería ser madre, pero ¿ambos deseos se podían hacer realidad? Quería pensar que sí y era evidente que no. Sigue leyendo…

Porque sí, porque hay conversaciones en las que cada palabra duele como un puñal clavado en el hígado (yo nunca he tenido uno, pero, oye, en las películas aparenta doler muchísimo), porque esas conversaciones se encallan en nuestra memoria que las revive una y otra vez y otra vez en bucle, haciendo leña del árbol caído (el árbol caído eres tú), sin dejar que la herida cure y cicatrice con sus postillas y su piel rosadita correspondientes. Por todo ello, quédate un segundo más con Carmen! en breve antes de ir al blog a leer esa conversación que permanece flotando en su cabeza como una balsa de aceite.

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