Es miércoles, es Carmen!

Qué bueno es tener un colchón gigante para decidir sobre tu futuro, al menos así tienes espacio para pensar. ¿Recuerdas el colchón de Carmen? Pues ahí es donde va a solucionar sus conflictos y no tiene nada que ver con aspectos carnales, aunque para eso también están bien los colchones gigantes 😉 . En fin, que no hay nada como tener las cosas claras.

XXVI. Escenas (y 3)

Tumbada en mi colchón gigante, más gigante aún ahora que lo estaba usando yo sola, hacía un repaso rápido a lo que habían sido mis últimos meses: había pasado de estar con el hombre de mi vida, Pepe, a mantener una relación de unas semanas y con uno de los compromisos más grandes que he tenido (y creo que se puedan tener de forma general en la vida) con otro hombre que podría ser el hombre de su vida de cualquier mujer menos el mío. Sigue leyendo…

Y es que hay cosas que se resuelven con unos stilettos bien altos y bien negros, si no, que se lo digan a Carmen. Disfruta de Carmen! en breve con este microcuento antes de irte a ver qué es lo que decide a su blog.

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Es miércoles, es Carmen!

“Me voy” como concepto, como microcuento en sí mismo, como una historia completa de principio a fin. Tiembla, ríe o llora, pero “me voy”.

XXVI. Escenas (2)

Cuando escuché las llaves en la cerradura, la adrenalina se me disparó. En lugar de levantarme e ir a su encuentro, me quedé en el sofá como si una enorme piedra me impidiera hacerlo; comencé a respirar entrecortado y las manos me temblaban, dos situaciones muy parecidas en demasiado poco tiempo, eso no lo aguanta ni el mejor de los cuerpos. Sigue leyendo…

Decisiones difíciles que dejan a la vida más desorientada pero menos huérfana. A veces irse es la única solución. Antes de ver cómo Carmen se va de la vida de Alberto, disfruta de Carmen! en breve con este microcuento.

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Es viernes, mamá: Una madre en verano 2

Ah, vale, ya es viernes, ¿no? Aunque como dije en otro post (¿de ayer?, ¿de la semana pasada?) en mi calendario ahora mismo todos los días son viernes. O jueves, o martes, lo mismo da.

Igual que este post podía haberlo escrito en verano, en otoño o en invierno, lo misma da también. A lo que iba: hoy quiero hablar de los proyectos que se quedaron por el camino, los que me acompañan en mi azarosa vida de madre 24 horas (más aún en verano y en vacaciones) y se encuentran sedientos de atención y desarrollo; de esos proyectos que viven más de las ilusiones que de los hechos; de los proyectos que rebosan mi cabeza entre grito y grito, sana sana, construcciones de Lego y parchís de Los Vengadores. Y para qué negarlo, entre puchero y gazpacho, entre escoba y fregona y entre siesta y siesta (que parece que todo es trabajar y no, que con la cosa de que el chico necesita dormir detrás del almuerzo y que con la única con que se queda dormido es conmigo, no veas cómo me estoy poniendo a dormir).

Y si hablo de esos proyectos es porque el tiempo escasea cuando tienes dos críos de los que ocuparte, una casa en la que no quieres vivir en la mierda y comer algo más que bocadillos y cosas fritas. Si tuviera tiempo… si tuviera tiempo, le dedicaría más, por ejemplo, a mi otro blog, La Suerte de Carmen, lo movería más en redes sociales para que fuera más conocido, escribiría más sobre Carmen y su suerte; si tuviera tiempo, pondría en funcionamiento a la voz de YA mi soñada tienda online de camisetas; si tuviera tiempo, haría más cursos y me actualizaría y mandaría currículums a tutiplén con una yo remozada; si tuviera tiempo, escribiría sin control todo lo que pasa por mi mente y se queda ahí hasta que cae en el olvido. Ay, en esa mente en la que todos y cada uno de mis proyectos tienen éxito y hago reportajes para Cosmo y Elle en vaqueros y camisa blanca, y con una cazadora de piel (piel) negra a poder ser.

Ahora mi miedo es: cuando tenga tiempo en septiembre, ¿seré capaz de llevarlos a cabo? Ay, aún no te echo de menos, septiembre.

Es miércoles, es Carmen

Apechugar con lo que hay es lo que resume la situación vital de Carmen en estos momentos. Apechugar con tus propios actos, con las consecuencias de estos y de paso con todo el orden mundial. ¿Estamos para escenas?

XXVI. Escenas

No quería montar una escena. No iba a hacer la maleta y esperar a Alberto sentada en el sofá con ellas a las puertas del pasillo. De todas formas, era inviable que una vez le dijera lo que iba a decirle, me quedara allí. Y habiéndoselo dicho, iba a querer salir inmediatamente de su apartamento. ¿Qué podía hacer? Sigue leyendo…

Y es que hacer maletas siempre es complicado: hacer maletas para irte de vacaciones, para volver de vacaciones, para mudarte… pero la más difícil es esa que tiene que hacer tu cabeza y tu corazón, llenarla de sentimientos, ilusiones y expectativas. Antes de irte a ver cómo le va a Carmen, disfruta de Carmen! en breve con este microcuento.

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Es viernes, mamá: Una madre en verano

¡Ah! ¿Pero no es viernes?

De todos es sabido que ser madre 24 horas en verano es un trabajo duro, arduo, que no te deja respiro, que pone a prueba más que nunca tu capacidad de resistencia y tu paciencia; que te convierte en animadora infantil, ogro de primera categoría, experta en yoga y meditación durante al menos treinta segundos (los treinta segundos antes de estallar); que te hace ir de la sonrisa pacífica al grito más estridente en lapsos de tiempo demasiado cortos como para que el cuerpo lo asimile con normalidad. Ser madre 24 horas en verano lo multiplica todo por mil y provoca que huyas del salón con aire acondicionado y veas en el horno que es la cocina el paraíso en la tierra.

Desde que al grande le dieron las vacaciones he gritado más que en todo el curso escolar y he corrido peligro de afonía en pleno julio a la misma vez que he disfrutado con el inevitable cambio de rutina: levantarnos una hora más tarde, películas de dibujos por la mañana, flash para después de la merienda y toallas de playa por doquier; jugar al parchís de Los Vengadores a todas horas y nuestros paseos matinales bajo un sol abrasador a la biblioteca. Junto a su sonrisa estival que no tiene precio. Estos veranos serán los que él irá recordando de mayor y me gusta pensarlo aunque a mí me parezca todo un caos. Un caos que echaré de menos en un futuro y que ahora me vuelve loca loca.

En fin, ya me he dado cuenta de que hoy no es viernes, pero ¿a quién le importa? Ya todos los días son viernes en mi calendario, para lo bueno y para lo trabajoso (que no para lo malo). De momento, y a pesar de todo: a pesar de que el chico se convierte en un pequeño Hulk cuando no consigue algo, a pesar de que me sé la programación de todos los canales infantiles de Movistar, a pesar de que la canción del verano que se repite en mi cabeza hasta la sacidad es infantil como no podía ser de otra forma, a pesar de que sentarme en el sofá para escribir este post me ha supuesto sudor (que sangre y lágrimas es muy exagerado); a pesar de todo, aún no echo de menos que sea septiembre.