El desamor

El desamor es una sensación universal. Puede venir de repente y puede venir poco a poco, de manera que lo que antes te caía en gracia, ahora lo detestas. En cualquier caso, siempre que hay desamor, hay sufrimiento… o liberación, según se mire.

Hace un tiempo, dentro de los #BuenosDías con un #microuento, lancé una serie de microcuentos con el desamor como protagonista, espero que no te sientas muy identificado con ellos… o sí.

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Es miércoles, es Carmen!

Por fin el desenlace de esta temporada de Carmen! está cerca. Por fin la tenemos donde la dejamos al principio: a las puertas del restaurante de Pepe,vestida de negro y con sus stilettos, lista para reconquistar a su verdadero amor. Suena ñoño, pero es así, ¿por qué no luchar por estar con quien quieres? ¿Por qué dejarlo escapar sin pelear aunque sea un poquito?

XXVII. Los primeros amores, si no se logran, quedan estampados en la memoria (2)

Con los stilettos de Gloria, que me había enviado por correo urgente, una reserva en uno de los mejores hoteles de Madrid y mi vestido negro famoso, ese que me queda como un guante, así me encuentro a las diez de una noche templada de primeros de junio a las puertas del restaurante de Pepe. Sigue leyendo…

Alli, ante la puerta del restaurante de Pepe, Carmen debe estar sintiendo mucha incertidumbre. Si bien es cierto que no siempre esa incertidumbre es buena, ni sana, para qué engañarnos, hay ocasiones en que esos momentos son deliciosos. No sé, será la adrenalina, la expectativa, será que en esos momentos siempre crees que la opción de que salgan bien tus planes es factible. Disfruta de Carmen! en breve con este microcuento antes de irte en un solo click al blog de Carmen y leer el nuevo post de su novela por entregas.

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Es miércoles, es Carmen!

Con Carmen de baja y una minivacaciones bien merecidas, su cabeza tiene vía libre para dar rienda suelta a sus pensamientos. Y eso es algo peligroso, muy peligroso, sobre todo cuando hay un tema en el que corazón y razón no coinciden…

XXV. Bajas que suben el pan

Estuve unos días de baja. Alberto se iba temprano y llegaba tarde y mientras, yo hacía de ama de casa de película americana. Tirada en el sofá, con un dolor de cabeza constante y unos mareos que no me dejaban vivir aquellas minivacaciones como a mí me hubiera gustado. Sigue leyendo…

Y que levante la mano quien haga un buen papel como juez entre cabeza y corazón, yo desde luego no. Disfruta de Carmen! en breve antes de irte a su blog a disfrutar del nuevo post sobre su suerte.

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Es miércoles, es Carmen!

Ya sabíamos qué había sido el detonante de la ruptura entre Carmen y Pepe, pero no conocíamos los detalles. Hay conversaciones y situaciones que el amor, desgraciadamente, no puede saltar; obstáculos demasiado grandes como para no caer en el barro y salir empapada y confundida.

XXIV. Adiós, Pepe, adiós

Romper mi relación con Pepe fue más fácil de lo que yo había supuesto. No hubo dramas ni llantos, solo hubo lógica y sentido común. Los dos cara a cara planteando una situación que yo ya había previsto, pero cuyo resultado estaba siendo totalmente diferente a cómo había imaginado. Sabía que quería estar con Pepe y sabía que quería ser madre, pero ¿ambos deseos se podían hacer realidad? Quería pensar que sí y era evidente que no. Sigue leyendo…

Porque sí, porque hay conversaciones en las que cada palabra duele como un puñal clavado en el hígado (yo nunca he tenido uno, pero, oye, en las películas aparenta doler muchísimo), porque esas conversaciones se encallan en nuestra memoria que las revive una y otra vez y otra vez en bucle, haciendo leña del árbol caído (el árbol caído eres tú), sin dejar que la herida cure y cicatrice con sus postillas y su piel rosadita correspondientes. Por todo ello, quédate un segundo más con Carmen! en breve antes de ir al blog a leer esa conversación que permanece flotando en su cabeza como una balsa de aceite.

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Es miércoles, es Carmen!

No hay momentos más confusos que los que vienen después de un golpe. La cabeza de Carmen está inundada de confusión, como si de un cazo de agua hirviendo se tratase, la confusión bulle y salpica y quema y… será el golpe.

XXIII. ¿Amor del bueno? (Y 3)

Entrecerré los ojos y los observé con disimulo. Hablaban fuera. Pepe y Alberto, dos hombres que reunían alrededor de sí mismos las miradas femeninas – y alguna masculina – de toda la planta de urgencias del hospital. Me parecía todo tan extraño, ni en el mejor de mis sueños ni en la peor de mis pesadillas se había dado aquella escena. ¿Cómo me sentía? Dolorida. Eso lo sabía. ¿Con respecto a los sentimientos? De nuevo todos mis órganos vitales se habían mezclado en mi interior para provocar una arcada continua en mi estómago, unas fatigas horrorosas. Aunque esto podía ser por el golpe que había recibido, vete a saber. Pepe se fue, pero antes se volvió, se despidió con la mano e hizo la señal del teléfono. Me llamaría. Me llamaría. Pepe me llamaría. Sigue leyendo…

Y es que el cuerpo es sabio, él sabe a quién echa de menos, por eso disfruta de Carmen! en breve con este microcuento antes de irte a su blog a disfrutarla en extenso.

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