Es miércoles, es Carmen!

“Me voy” como concepto, como microcuento en sí mismo, como una historia completa de principio a fin. Tiembla, ríe o llora, pero “me voy”.

XXVI. Escenas (2)

Cuando escuché las llaves en la cerradura, la adrenalina se me disparó. En lugar de levantarme e ir a su encuentro, me quedé en el sofá como si una enorme piedra me impidiera hacerlo; comencé a respirar entrecortado y las manos me temblaban, dos situaciones muy parecidas en demasiado poco tiempo, eso no lo aguanta ni el mejor de los cuerpos. Sigue leyendo…

Decisiones difíciles que dejan a la vida más desorientada pero menos huérfana. A veces irse es la única solución. Antes de ver cómo Carmen se va de la vida de Alberto, disfruta de Carmen! en breve con este microcuento.

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Es miércoles, es Carmen

Apechugar con lo que hay es lo que resume la situación vital de Carmen en estos momentos. Apechugar con tus propios actos, con las consecuencias de estos y de paso con todo el orden mundial. ¿Estamos para escenas?

XXVI. Escenas

No quería montar una escena. No iba a hacer la maleta y esperar a Alberto sentada en el sofá con ellas a las puertas del pasillo. De todas formas, era inviable que una vez le dijera lo que iba a decirle, me quedara allí. Y habiéndoselo dicho, iba a querer salir inmediatamente de su apartamento. ¿Qué podía hacer? Sigue leyendo…

Y es que hacer maletas siempre es complicado: hacer maletas para irte de vacaciones, para volver de vacaciones, para mudarte… pero la más difícil es esa que tiene que hacer tu cabeza y tu corazón, llenarla de sentimientos, ilusiones y expectativas. Antes de irte a ver cómo le va a Carmen, disfruta de Carmen! en breve con este microcuento.

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Es miércoles, es Carmen!

Con Carmen de baja y una minivacaciones bien merecidas, su cabeza tiene vía libre para dar rienda suelta a sus pensamientos. Y eso es algo peligroso, muy peligroso, sobre todo cuando hay un tema en el que corazón y razón no coinciden…

XXV. Bajas que suben el pan

Estuve unos días de baja. Alberto se iba temprano y llegaba tarde y mientras, yo hacía de ama de casa de película americana. Tirada en el sofá, con un dolor de cabeza constante y unos mareos que no me dejaban vivir aquellas minivacaciones como a mí me hubiera gustado. Sigue leyendo…

Y que levante la mano quien haga un buen papel como juez entre cabeza y corazón, yo desde luego no. Disfruta de Carmen! en breve antes de irte a su blog a disfrutar del nuevo post sobre su suerte.

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Es miércoles, es Carmen!

Ya sabíamos qué había sido el detonante de la ruptura entre Carmen y Pepe, pero no conocíamos los detalles. Hay conversaciones y situaciones que el amor, desgraciadamente, no puede saltar; obstáculos demasiado grandes como para no caer en el barro y salir empapada y confundida.

XXIV. Adiós, Pepe, adiós

Romper mi relación con Pepe fue más fácil de lo que yo había supuesto. No hubo dramas ni llantos, solo hubo lógica y sentido común. Los dos cara a cara planteando una situación que yo ya había previsto, pero cuyo resultado estaba siendo totalmente diferente a cómo había imaginado. Sabía que quería estar con Pepe y sabía que quería ser madre, pero ¿ambos deseos se podían hacer realidad? Quería pensar que sí y era evidente que no. Sigue leyendo…

Porque sí, porque hay conversaciones en las que cada palabra duele como un puñal clavado en el hígado (yo nunca he tenido uno, pero, oye, en las películas aparenta doler muchísimo), porque esas conversaciones se encallan en nuestra memoria que las revive una y otra vez y otra vez en bucle, haciendo leña del árbol caído (el árbol caído eres tú), sin dejar que la herida cure y cicatrice con sus postillas y su piel rosadita correspondientes. Por todo ello, quédate un segundo más con Carmen! en breve antes de ir al blog a leer esa conversación que permanece flotando en su cabeza como una balsa de aceite.

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Es miércoles, es Carmen!

No hay momentos más confusos que los que vienen después de un golpe. La cabeza de Carmen está inundada de confusión, como si de un cazo de agua hirviendo se tratase, la confusión bulle y salpica y quema y… será el golpe.

XXIII. ¿Amor del bueno? (Y 3)

Entrecerré los ojos y los observé con disimulo. Hablaban fuera. Pepe y Alberto, dos hombres que reunían alrededor de sí mismos las miradas femeninas – y alguna masculina – de toda la planta de urgencias del hospital. Me parecía todo tan extraño, ni en el mejor de mis sueños ni en la peor de mis pesadillas se había dado aquella escena. ¿Cómo me sentía? Dolorida. Eso lo sabía. ¿Con respecto a los sentimientos? De nuevo todos mis órganos vitales se habían mezclado en mi interior para provocar una arcada continua en mi estómago, unas fatigas horrorosas. Aunque esto podía ser por el golpe que había recibido, vete a saber. Pepe se fue, pero antes se volvió, se despidió con la mano e hizo la señal del teléfono. Me llamaría. Me llamaría. Pepe me llamaría. Sigue leyendo…

Y es que el cuerpo es sabio, él sabe a quién echa de menos, por eso disfruta de Carmen! en breve con este microcuento antes de irte a su blog a disfrutarla en extenso.

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