Es viernes, mamá: Una madre en verano

¡Ah! ¿Pero no es viernes?

De todos es sabido que ser madre 24 horas en verano es un trabajo duro, arduo, que no te deja respiro, que pone a prueba más que nunca tu capacidad de resistencia y tu paciencia; que te convierte en animadora infantil, ogro de primera categoría, experta en yoga y meditación durante al menos treinta segundos (los treinta segundos antes de estallar); que te hace ir de la sonrisa pacífica al grito más estridente en lapsos de tiempo demasiado cortos como para que el cuerpo lo asimile con normalidad. Ser madre 24 horas en verano lo multiplica todo por mil y provoca que huyas del salón con aire acondicionado y veas en el horno que es la cocina el paraíso en la tierra.

Desde que al grande le dieron las vacaciones he gritado más que en todo el curso escolar y he corrido peligro de afonía en pleno julio a la misma vez que he disfrutado con el inevitable cambio de rutina: levantarnos una hora más tarde, películas de dibujos por la mañana, flash para después de la merienda y toallas de playa por doquier; jugar al parchís de Los Vengadores a todas horas y nuestros paseos matinales bajo un sol abrasador a la biblioteca. Junto a su sonrisa estival que no tiene precio. Estos veranos serán los que él irá recordando de mayor y me gusta pensarlo aunque a mí me parezca todo un caos. Un caos que echaré de menos en un futuro y que ahora me vuelve loca loca.

En fin, ya me he dado cuenta de que hoy no es viernes, pero ¿a quién le importa? Ya todos los días son viernes en mi calendario, para lo bueno y para lo trabajoso (que no para lo malo). De momento, y a pesar de todo: a pesar de que el chico se convierte en un pequeño Hulk cuando no consigue algo, a pesar de que me sé la programación de todos los canales infantiles de Movistar, a pesar de que la canción del verano que se repite en mi cabeza hasta la sacidad es infantil como no podía ser de otra forma, a pesar de que sentarme en el sofá para escribir este post me ha supuesto sudor (que sangre y lágrimas es muy exagerado); a pesar de todo, aún no echo de menos que sea septiembre.

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Es viernes, mamá: Relax

Creo que en lo que llevamos de vacaciones, he gritado más que en todo el curso escolar. Así que creo que necesito relax, aunque el chico se esté comiendo el papel de una publicidad a mi lado y el grande esté desmantelando la mesa de la pizzería. Pero, oye, ooooom. 

Es viernes, mamá: Shopping

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Hoy, en Es viernes, mamá, he vuelto a sentir en mis venas la llamada del shopping. Una llamada corta, más bien urgente, porque el padre de las criaturas estaba con las criaturas no muy lejos y la hora del baño y las cenas se nos echaba encima. Pero qué ropa, qué colores, qué bonito todo. Al final ha caído un vaquero lleno de agujeros, pero qué bonito todo.